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  ISSN: 1695.4297

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APRENDIZAJE TEMPRANO Y SIMULTÁNEO DE LA LENGUA INGLESA
Mª de los Desamparados Espejo Aubero
Profesora en el CES Don Bosco
RESUMEN
Hoy se hace estrictamente necesario el aprendizaje de la lengua inglesa en los centros educativos, pero este puede ser realmente efectivo si esta adquisición de una lengua extranjera (L2) se hace en los primeros estadios del aprendizaje lingüístico. Por esta razón las administraciones educativas así como todos los implicados directamente en este proceso de enseñanza-aprendizaje deben ser conscientes de la competencia lingüística (destrezas básicas lingüísticas: comprensión y expresión oral y escrita) que se esta negando a estas futuras generaciones al retrasar este proceso a su vida adulta.

1. INTRODUCCIÓN
La gran pregunta en la enseñanza de las lenguas extranjeras, en nuestro caso, de la lengua inglesa, es ¿cuando empezar a enseñarlo? Inclinarse por un aprendizaje simultáneo de L1 (lengua materna) y L2 (lengua objeto de aprendizaje) o un aprendizaje consecutivo. El consecutivo significa que una vez consolidado un aprendizaje se inicia el siguiente. Es decir, una vez que las estructuras de L1 están consolidadas, se empieza con L2, el aprendizaje simultáneo significa a la vez que aprenden la lengua materna.
En el aprendizaje temprano de los idiomas encontramos lógicamente argumentos a favor y argumentos en contra y aunque la evidencia empírica no es totalmente concluyente es cierto que da mejores resultados el aprendizaje temprano y simultáneo.
Hay tres aspectos que hay que tener en cuenta: el proceso de adquisición de la lengua, la organización cerebral del lenguaje y los procesos psicolingüísticos.
En la adquisición natural del lenguaje, que se da entre los 0 y los 3 años, se van produciendo desde los sonidos vegetativos hasta las producciones simples pero completamente gramaticales, con un léxico de unas mil palabras, empleando sustantivos, formas verbales, adjetivos, verbos auxiliares, palabras funcionales, etc.
Todos los niños sanos en condiciones normales adquieren el lenguaje, lo adquieren de manera muy rápida, sin instrucción planificada y sin esfuerzo aparente, e independientemente de la lengua de que se trate. En realidad, estamos hablando de un único lenguaje natural.
Otra pregunta surge de forma espontánea ¿qué hay de innato en el lenguaje?. Nacemos con cierta determinación, una facilitación para el lenguaje. Hay que recordar que los bebes, sienten preferencia por la voz de la madre y que al poco tiempo de nacer discriminan perfectamente expresiones emitidas en la lengua nativa de la madre frente a otras (a los 2 meses) tienen preferencia por el lenguaje dividido en cláusulas, y discriminan el intervalo de inicio de la sonoridad (a los tres meses aproximadamente).
En la adquisición del lenguaje se distinguen dos aspectos con relación al ambiente: la necesidad y la influencia. En primer lugar se adquiere una variedad de la lengua y un mecanismo básico que es la imitación (modelos).
En cuanto a la maduración neurológica, hay un peso relativo del aprendizaje lingüístico cambiante durante el proceso de adquisición. Se dan dos circunstancias: el principio de estimulación precoz y la intervención temprana en los trastornos.
Otro aspecto a tener en cuenta es el periodo crítico en la adquisición del lenguaje. En realidad, hay un proceso de maduración neurológica y plasticidad cerebral, se va avanzando hacia un desarrollo cortical posnatal y una pérdida paulatina de la plasticidad. ¿Que ocurre con la lateralidad, el periodo crítico y el lenguaje?. Hay una equipotencialidad hemisférica inicial y una progresiva lateralización hacia el hemisferio Izquierdo.
La adquisición del lenguaje altera radicalmente la organización cerebral, rompiendo la simetría.
Las conexiones entre la cóclea y las células neuronales responsables de dar significado a los fonemas son tremendamente flexibles en la infancia pero mucho más rígidas en edades posteriores.
Es realmente significativo, en lenguas tan fuertemente fonológicas como la lengua inglesa, el realizar este aprendizaje antes de los 5 y 6 años. A esta edad el único sistema fonológico se cierra. A esta edad, el niño es capaz de reproducir, de forma más o menos mecánica, cualquier sonido biológicamente posible. Hay un establecimiento de contrastes, una percepción acústica, una capacidad de discriminación y unas capacidades en pleno desarrollo.
La lengua española se expresa en una frecuencia de sonidos próxima a 800 hercios mientras que el inglés lo hace a 1200 Hz. Si los niños se acostumbran a escuchar diferentes formas sonoras relacionadas con diferentes idiomas en edades tempranas el resultado posterior será infinitamente mejor, pero esta capacidad en desarrollo para las lenguas extranjeras se pierde con la edad porque estas conexiones se han adaptado ya a una frecuencia de sonidos determinada que es la de la lengua materna.
Inicialmente se considera que enseñar una lengua implicaba que los estudiantes fueran capaces de imitar modelos aceptables, de forma más o menos mecánica, hoy se asume que el aprendizaje de la lengua es demasiado complejo para ser explicado en términos de conducta reproductora. Para Chomsky y todos los innatistas el lenguaje es una capacidad innata en el ser humano. De esta forma podemos analizar la lengua más allá de las muestras concretas que poseemos, el niño realiza expresiones incorrectas que nunca ha oído, a la vez que aprende por analogía.
Apoyando de alguna forma este carácter tan complejo del aprendizaje de una lengua están los conceptos de "contexto" (Levinson), meaning is use (Wittgenstein), intencionalidad del hablante en los actos del habla (Searle), pasando por la ampliación del concepto de competencia lingüistica (Hymes y Gumpertz), la teoría de la relevancia, (Sperben y Wilson) la teoría de la cortesía con su concepto central de imagen, así se llega al concepto de competencia comunicativa de Chomsky (capacidad innata) y a su máxima formulación por Van Ek que ubica en ella seis componentes competenciales: el lingüístico, el sociolingüístico, el discursivo, el estratégico, el sociocultural y el social.
El aprendizaje de una segunda lengua tiene muchas semejanzas con el de la primera pero también presenta algunas diferencias que se agrandan según la edad del aprendizaje. En el caso de los más pequeños el proceso sorprende por su facilidad, en el de los adultos las dificultades son enormes y presentan muchas diferencias individuales. Para que la segunda lengua se adquiera deben darse dos circunstancias esenciales: la necesidad de comunicarse en esa lengua y la interacción con otras personas que la hablan. En buena medida, los hablantes nativos facilitan la inmersión utilizando un habla simplificada (pronunciando con claridad, expresándose con un ritmo más lento, usando estructuras sencillas y vocabulario básico). La interacción con otros hablantes permite que se produzca la construcción conjunta de significados, la corrección de formalizaciones así como la incorporación de vocabulario no conocido.
Algunos alumnos tardan bastante en comunicarse correctamente, también hay que hablar de un periodo silencioso en el que el niño comprende lo que se le dice pero no se atreve a hablar (esto es porque en todos los casos la comprensión es mayor que la expresión). A su vez los errores, como las inferencias y las deducciones forman parte indisoluble del proceso de construcción final de la lengua. También la preocupación formal es más común en estudiantes más mayores, va aumentando con la edad.
Hasta los años setenta la enseñanza de lenguas extranjeras estaba circunscrita a la enseñanza secundaria; se iniciaba entre los diez y doce años de edad, en general con carácter obligatorio; y en algunos casos contaba con la oferta de dos lenguas extranjeras siendo el francés una de ellas y luego podía el alumno elegir entre inglés, italiano, alemán y portugués. A partir de los años setenta, y gracias a la Ley General de Educación (LGE), se dio un paso muy importante en la enseñanza de lenguas extranjeras, se empezaba a impartir en la enseñanza obligatoria, lo cual supuso que todos los alumnos se enfrentaran al aprendizaje de una lengua moderna. No obstante, este cambio no afecto a la edad de inicio de dicho aprendizaje porque a pesar de que se estableció la posibilidad de comenzar a los diez años incluso a los ocho, en general no se llevó a la práctica.
En cuanto a las enseñanzas de régimen general, la creación de las Escuelas Oficiales de Idiomas en 1911 supuso una importante innovación en la enseñanza de lenguas extranjeras en España, desempeñando una función distinta a la de otros centros educativos que también contemplaban las lenguas extranjeras en sus planes de estudio. En la trayectoria de esta institución pueden distinguirse cuatro etapas. La primera se caracteriza por la puesta en funcionamiento de la institución y el crecimiento de dos idiomas: el francés y el inglés; la segunda etapa es una etapa de consolidación en la que otros idiomas distintos de los anteriores también empiezan a ser demandados por el alumnado, una tercera etapa es cuando se crean las grandes escuelas de idiomas por número de alumnos y de idiomas ofrecidos, una cuarta que se inicia ahora con la llegada de la Ley Orgánica de la Calidad de la Educación, LOCE, (2002) en su título II, que establece la supremacía de la enseñanza de las lenguas oficiales comunitarias de los Estados miembros de la Unión Europea así como un cambio en las propias estructuras de las Escuelas Oficiales de Idiomas como puede ser la enseñanza a distancia con nueva tecnología.
Otro aspecto importante es el fomento de planes de investigación e innovación para la formación actualizada de los docentes y de todos los adultos por parte de la Escuelas Oficiales de Idiomas.
Principalmente existen dos rasgos definitorios que diferencian la enseñanza de idiomas en la actualidad de etapas anteriores: el adelanto en la edad obligatoria de comienzo de su estudio (8 años) y los contenidos mínimos, los cuales por primera vez recogen claramente el concepto de que la lengua se utiliza para la comunicación; de esta manera queda ya claramente establecida la finalidad educativa en el currículo. La oferta académica de lenguas extranjeras en las enseñanzas de régimen general varía en función del nivel, del carácter experimental y depende de la obligatoriedad, la optatividad, el área o materia e incluso del número de horas.
Con la llegada de la nueva Ley de la Calidad, LOCE, (BOE de 24/12/02) parecía que se iba a aprovechar el gran potencial de los alumnos más pequeños escolarizados en educación infantil, pero ésta no ha marcado como objetivo en la educación infantil la lengua extranjera más que de una forma posibilista.
En educación infantil no es obligatoria la enseñanza de lenguas extranjeras, aunque se está llevando a cabo su implantación con carácter experimental en la mayoría de las comunidades autónomas.
Así se está iniciando la impartición del idioma extranjero durante el segundo ciclo de educación infantil (3-5 años).
En los cursos en que la lengua extranjera es obligatoria, el fin que se persigue con su aprendizaje es que los alumnos entren en contacto con el nuevo idioma, y así lograr una sensibilización progresiva hacia el mismo. De este modo cuando acceden al segundo ciclo de Educación Primaria en el que la lengua extranjera es obligatoria, los alumnos ya cuentan con conocimientos de la lengua propia, de muchas palabras y expresiones de la lengua extranjera, tienen cierta familiarización con la fonética de dicha lengua. En esta etapa educativa los objetivos que se pretenden alcanzar se refieren sobre todo, al dominio de las destrezas básicas (leer, escribir, hablar y escuchar) implicadas en el aprendizaje de una lengua. Se intenta que los alumnos desarrollen la capacidad de comprender y producir textos orales y escritos sencillos y que el aprendizaje se enmarque dentro de situaciones habituales. Los contenidos mínimos se refieren a tres facetas (comunicación oral, comunicación escrita y aspectos socioculturales) y son trabajados en su vertiente conceptual, procedimental y actitudinal. En general, los contenidos incluyen aquellos aspectos de la lengua extranjera que pueden ser aplicados por su elevado potencial comunicativo, para conseguir que con un mínimo de conocimientos se cubra un máximo de situaciones. Por último, se fijan una serie de criterios de evaluación bastante concretos para llevar a cabo la evaluación del aprendizaje de lenguas extranjeras. Se han de valorar las distintas destrezas que se incluyen dentro de la competencia comunicativa, y el profesor debe recabar información acerca de lo que los alumnos están aprendiendo, puesto que este es el único modo de ajustar el proceso de enseñanza al proceso de aprendizaje del alumnado, de esta forma se les ofrece a los propios alumnos información sobre su propio proceso de aprendizaje.
En las enseñanzas mínimas establecidas para todo el Estado, se señala que para el segundo y tercer ciclo han de impartirse un total de 170 periodos lectivos como mínimo, en el área de lenguas extranjeras. En todos los cursos que componen la Educación Secundaria Obligatoria el área de lengua extranjera tiene carácter obligatorio. Dicha área se complementa con la posibilidad de cursar una segunda lengua extranjera, la cual tiene que ser obligatoriamente ofrecida por los centros y los alumnos deben poder estudiarlas a lo largo de toda la etapa. El horario mínimo establecido es de 210 periodos lectivos para el primer ciclo y 240 para el segundo ciclo.
En Bachillerato, el estudio de una lengua extranjera es una materia común en esta etapa. El horario escolar correspondiente a las enseñanzas mínimas establece 210 periodos para su enseñanza que pueden ser impartidos en uno o dos años.
Con la Ley Orgánica de la Calidad de la Educación, LOCE, sí se ha implantado la obligatoriedad de pasar un examen oral y otro escrito para obtener el título de bachillerato.
Hay que señalar también que con la llegada de esta última Ley Orgánica, LOCE, la diversificación lingüística queda muy limitada. En la ESO y Bachillerato la opcionalidad de L3 (segunda lengua-objeto de aprendizaje) es menor. Esta realidad es contraria a las perspectivas europeas comunitarias: "mejorar el dominio de las competencias básicas, en particular mediante la enseñanza de al menos dos lenguas extranjeras" (Cumbre de Barcelona, 2002).
En cuanto a qué enseñar y cómo enseñar podemos hablar de una adquisición formal y una informal en que toman parte método, profesor y alumno. Las últimas tendencias abogan por la estrategia oral comunicativa pero la realidad es que se sigue abusando mucho de la estrategia formal escrita.
Singleton (1989) afirma que 1 año de clase natural equivale a 8 años de entrenamiento formal. Las variables a tener en cuenta son el método de aprendizaje, la organización del entorno y los profesores. Estos deben ser tendentes a una enseñanza bilingüe o a una inmersión lingüística en la enseñanza de L2.
Hay que recordar que los bebés en un entorno de dos idiomas simultáneos tienen muy buenas posibilidades de ser bilingües equilibrados.
También hay que tener en cuenta las variables situacionales que son: el bilingüismo real social, el ambiente social/familiar y las actitudes hacia la lengua que deben llevar a una enseñanza bilingüe.
Variables determinantes de la organización mental de las lenguas son los procesos psicolingüísticos que son operaciones mentales para producir y comprender mejor el lenguaje.
La pregunta fundamental en la adquisición de L2 es la relación entre el proceso de adquisición de L1 Y L2, es decir, el establecimiento de la correspondencia entre lengua y lenguas del mundo, la proximidad tipológica, los efectos de facilitación e interferencia.
El léxico es el principal protagonista de la adquisición tanto para L1 como para L2. El aprendizaje de L1 y L2 comparte los problemas de la extracción de las unidades de significado. Normalmente se aprenden palabras en el contexto natural de la experiencia. El léxico tiene carácter único.
Hay que evitar la estrategia de buscar sinónimos de la palabra que limiten el significado y produzcan confusiones. Es mejor tratar de dar una denominación lo más precisa posible con lo esencial del concepto. También tiene que evitarse la tendencia a traducir simultáneamente. La frecuencia de una palabra en un lenguaje se relaciona con la frecuencia de su término correspondiente en el otro lenguaje por lo que cuanto antes adquieran estas palabras tan frecuentes antes serán capaces de desenvolverse en las cuatro destrezas básicas (comprensión y expresión oral y escrita) y así lograr la mejor competencia lingüística.

CONCLUSIONES
La transferencia de la competencia adquirida en una lengua (L1, normalmente) a la lengua de adquisición (L2) es un mecanismo natural del proceso de adquisición y depende primariamente del grado de proximidad existente entre sus sistemas léxico y sintáctico y además puede facilitar o interferir simultáneamente.
Los bilingües pueden ocasionalmente mezclar las dos lenguas y no por ello dejar de ser bilingües competentes, lo cual no puede considerarse como desventaja sino como una gran ventaja.
Un bilingüe equilibrado para ser funcional no tiene por que tener exactamente la misma competencia en las dos lenguas, de hecho, pueden pensar en las dos lenguas, no tienen que traducir del idioma más débil al dominante.
No se ha demostrado que aprender dos lenguas tenga efectos decisivos sobre la inteligencia.
Los bilingües no son ni más ni menos inteligentes por el mero hecho de serlo.
Conocer varias lenguas proporciona diferencias experiencias y formas de aproximarse a la realidad por lo que en al menos en un sentido social-cultural favorece la flexibilidad cognitiva. Este aprendizaje posibilita la formación de un tipo de pensamiento menos rígido y más flexible, un tipo de pensamiento más capaz de reconocer al otro hablante como uno mismo.
El bilingüismo desarrolla las habilidades metalingüísticas y no produce trastornos del lenguaje:
Los trastornos del desarrollo del lenguaje se ponen de manifiesto con más claridad en entornos bilingües, cuando ocurre esto se suele atribuir al bilingüismo.
Los efectos negativos sobre el desarrollo del lenguaje están ligados a variables sociales y de aprendizaje.
Ser bilingüe no significa hablar dos idiomas con el mismo grado de competencia comunicativa.
El contacto temprano con más de una lengua influye en la motivación para aprender una segunda lengua y la autopercepción de la competencia en la segunda lengua favorece las actitudes culturales.
No es necesario que el niño aprenda bien la primera lengua (L1) antes de empezar a aprender la segunda (L2). Los niños pueden iniciar el aprendizaje de la segunda lengua en cualquier momento.
La exposición simultánea a más de una lengua en los primeros momentos de la vida no tiene consecuencias negativas sobre la organización cerebral del lenguaje.
No es imposible aprender una segunda lengua después de cierta edad pero sí hacerlo de la forma en que se produce el aprendizaje temprano de L1.
En el caso de los niños menores de seis años retrasar el comienzo de una lengua extranjera es desperdiciar una oportunidad muy valiosa. Por un lado, con la edad, la ductilidad de los órganos fonoarticulatorios se va anquilosando y la percepción, discriminación, diferenciación e identificación de los fonemas se va mediatizando según se va fijando el sistema fonológico de la lengua materna por otro lado, la transferencia inadecuada de los códigos lecto-escritores entre ambas lenguas actúa como un lastre que interfiere en la correcta pronunciación de la lengua extranjera y, lo que es peor, en la comprensión de los mensajes orales.



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