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APRENDIZAJE TEMPRANO Y SIMULTÁNEO DE LA LENGUA INGLESA
Mª de los Desamparados Espejo Aubero
Profesora en el CES Don Bosco
RESUMEN
Hoy se hace estrictamente necesario el aprendizaje de la lengua
inglesa en los centros educativos, pero este puede ser realmente
efectivo si esta adquisición de una lengua extranjera
(L2) se hace en los primeros estadios del aprendizaje lingüístico.
Por esta razón las administraciones educativas así
como todos los implicados directamente en este proceso de enseñanza-aprendizaje
deben ser conscientes de la competencia lingüística
(destrezas básicas lingüísticas: comprensión
y expresión oral y escrita) que se esta negando a estas
futuras generaciones al retrasar este proceso a su vida adulta.
1. INTRODUCCIÓN
La gran pregunta en la enseñanza de las lenguas extranjeras,
en nuestro caso, de la lengua inglesa, es ¿cuando empezar
a enseñarlo? Inclinarse por un aprendizaje simultáneo
de L1 (lengua materna) y L2 (lengua objeto de aprendizaje) o
un aprendizaje consecutivo. El consecutivo significa que una
vez consolidado un aprendizaje se inicia el siguiente. Es decir,
una vez que las estructuras de L1 están consolidadas,
se empieza con L2, el aprendizaje simultáneo significa
a la vez que aprenden la lengua materna.
En el aprendizaje temprano de los idiomas encontramos lógicamente
argumentos a favor y argumentos en contra y aunque la evidencia
empírica no es totalmente concluyente es cierto que da
mejores resultados el aprendizaje temprano y simultáneo.
Hay tres aspectos que hay que tener en cuenta: el proceso de
adquisición de la lengua, la organización cerebral
del lenguaje y los procesos psicolingüísticos.
En la adquisición natural del lenguaje, que se da entre
los 0 y los 3 años, se van produciendo desde los sonidos
vegetativos hasta las producciones simples pero completamente
gramaticales, con un léxico de unas mil palabras, empleando
sustantivos, formas verbales, adjetivos, verbos auxiliares,
palabras funcionales, etc.
Todos los niños sanos en condiciones normales adquieren
el lenguaje, lo adquieren de manera muy rápida, sin instrucción
planificada y sin esfuerzo aparente, e independientemente de
la lengua de que se trate. En realidad, estamos hablando de
un único lenguaje natural.
Otra pregunta surge de forma espontánea ¿qué
hay de innato en el lenguaje?. Nacemos con cierta determinación,
una facilitación para el lenguaje. Hay que recordar que
los bebes, sienten preferencia por la voz de la madre y que
al poco tiempo de nacer discriminan perfectamente expresiones
emitidas en la lengua nativa de la madre frente a otras (a los
2 meses) tienen preferencia por el lenguaje dividido en cláusulas,
y discriminan el intervalo de inicio de la sonoridad (a los
tres meses aproximadamente).
En la adquisición del lenguaje se distinguen dos aspectos
con relación al ambiente: la necesidad y la influencia.
En primer lugar se adquiere una variedad de la lengua y un mecanismo
básico que es la imitación (modelos).
En cuanto a la maduración neurológica, hay un
peso relativo del aprendizaje lingüístico cambiante
durante el proceso de adquisición. Se dan dos circunstancias:
el principio de estimulación precoz y la intervención
temprana en los trastornos.
Otro aspecto a tener en cuenta es el periodo crítico
en la adquisición del lenguaje. En realidad, hay un proceso
de maduración neurológica y plasticidad cerebral,
se va avanzando hacia un desarrollo cortical posnatal y una
pérdida paulatina de la plasticidad. ¿Que ocurre
con la lateralidad, el periodo crítico y el lenguaje?.
Hay una equipotencialidad hemisférica inicial y una progresiva
lateralización hacia el hemisferio Izquierdo.
La adquisición del lenguaje altera radicalmente la organización
cerebral, rompiendo la simetría.
Las conexiones entre la cóclea y las células neuronales
responsables de dar significado a los fonemas son tremendamente
flexibles en la infancia pero mucho más rígidas
en edades posteriores.
Es realmente significativo, en lenguas tan fuertemente fonológicas
como la lengua inglesa, el realizar este aprendizaje antes de
los 5 y 6 años. A esta edad el único sistema fonológico
se cierra. A esta edad, el niño es capaz de reproducir,
de forma más o menos mecánica, cualquier sonido
biológicamente posible. Hay un establecimiento de contrastes,
una percepción acústica, una capacidad de discriminación
y unas capacidades en pleno desarrollo.
La lengua española se expresa en una frecuencia de sonidos
próxima a 800 hercios mientras que el inglés lo
hace a 1200 Hz. Si los niños se acostumbran a escuchar
diferentes formas sonoras relacionadas con diferentes idiomas
en edades tempranas el resultado posterior será infinitamente
mejor, pero esta capacidad en desarrollo para las lenguas extranjeras
se pierde con la edad porque estas conexiones se han adaptado
ya a una frecuencia de sonidos determinada que es la de la lengua
materna.
Inicialmente se considera que enseñar una lengua implicaba
que los estudiantes fueran capaces de imitar modelos aceptables,
de forma más o menos mecánica, hoy se asume que
el aprendizaje de la lengua es demasiado complejo para ser explicado
en términos de conducta reproductora. Para Chomsky y
todos los innatistas el lenguaje es una capacidad innata en
el ser humano. De esta forma podemos analizar la lengua más
allá de las muestras concretas que poseemos, el niño
realiza expresiones incorrectas que nunca ha oído, a
la vez que aprende por analogía.
Apoyando de alguna forma este carácter tan complejo del
aprendizaje de una lengua están los conceptos de "contexto"
(Levinson), meaning is use (Wittgenstein), intencionalidad del
hablante en los actos del habla (Searle), pasando por la ampliación
del concepto de competencia lingüistica (Hymes y Gumpertz),
la teoría de la relevancia, (Sperben y Wilson) la teoría
de la cortesía con su concepto central de imagen, así
se llega al concepto de competencia comunicativa de Chomsky
(capacidad innata) y a su máxima formulación por
Van Ek que ubica en ella seis componentes competenciales: el
lingüístico, el sociolingüístico, el
discursivo, el estratégico, el sociocultural y el social.
El aprendizaje de una segunda lengua tiene muchas semejanzas
con el de la primera pero también presenta algunas diferencias
que se agrandan según la edad del aprendizaje. En el
caso de los más pequeños el proceso sorprende
por su facilidad, en el de los adultos las dificultades son
enormes y presentan muchas diferencias individuales. Para que
la segunda lengua se adquiera deben darse dos circunstancias
esenciales: la necesidad de comunicarse en esa lengua y la interacción
con otras personas que la hablan. En buena medida, los hablantes
nativos facilitan la inmersión utilizando un habla simplificada
(pronunciando con claridad, expresándose con un ritmo
más lento, usando estructuras sencillas y vocabulario
básico). La interacción con otros hablantes permite
que se produzca la construcción conjunta de significados,
la corrección de formalizaciones así como la incorporación
de vocabulario no conocido.
Algunos alumnos tardan bastante en comunicarse correctamente,
también hay que hablar de un periodo silencioso en el
que el niño comprende lo que se le dice pero no se atreve
a hablar (esto es porque en todos los casos la comprensión
es mayor que la expresión). A su vez los errores, como
las inferencias y las deducciones forman parte indisoluble del
proceso de construcción final de la lengua. También
la preocupación formal es más común en
estudiantes más mayores, va aumentando con la edad.
Hasta los años setenta la enseñanza de lenguas
extranjeras estaba circunscrita a la enseñanza secundaria;
se iniciaba entre los diez y doce años de edad, en general
con carácter obligatorio; y en algunos casos contaba
con la oferta de dos lenguas extranjeras siendo el francés
una de ellas y luego podía el alumno elegir entre inglés,
italiano, alemán y portugués. A partir de los
años setenta, y gracias a la Ley General de Educación
(LGE), se dio un paso muy importante en la enseñanza
de lenguas extranjeras, se empezaba a impartir en la enseñanza
obligatoria, lo cual supuso que todos los alumnos se enfrentaran
al aprendizaje de una lengua moderna. No obstante, este cambio
no afecto a la edad de inicio de dicho aprendizaje porque a
pesar de que se estableció la posibilidad de comenzar
a los diez años incluso a los ocho, en general no se
llevó a la práctica.
En cuanto a las enseñanzas de régimen general,
la creación de las Escuelas Oficiales de Idiomas en 1911
supuso una importante innovación en la enseñanza
de lenguas extranjeras en España, desempeñando
una función distinta a la de otros centros educativos
que también contemplaban las lenguas extranjeras en sus
planes de estudio. En la trayectoria de esta institución
pueden distinguirse cuatro etapas. La primera se caracteriza
por la puesta en funcionamiento de la institución y el
crecimiento de dos idiomas: el francés y el inglés;
la segunda etapa es una etapa de consolidación en la
que otros idiomas distintos de los anteriores también
empiezan a ser demandados por el alumnado, una tercera etapa
es cuando se crean las grandes escuelas de idiomas por número
de alumnos y de idiomas ofrecidos, una cuarta que se inicia
ahora con la llegada de la Ley Orgánica de la Calidad
de la Educación, LOCE, (2002) en su título II,
que establece la supremacía de la enseñanza de
las lenguas oficiales comunitarias de los Estados miembros de
la Unión Europea así como un cambio en las propias
estructuras de las Escuelas Oficiales de Idiomas como puede
ser la enseñanza a distancia con nueva tecnología.
Otro aspecto importante es el fomento de planes de investigación
e innovación para la formación actualizada de
los docentes y de todos los adultos por parte de la Escuelas
Oficiales de Idiomas.
Principalmente existen dos rasgos definitorios que diferencian
la enseñanza de idiomas en la actualidad de etapas anteriores:
el adelanto en la edad obligatoria de comienzo de su estudio
(8 años) y los contenidos mínimos, los cuales
por primera vez recogen claramente el concepto de que la lengua
se utiliza para la comunicación; de esta manera queda
ya claramente establecida la finalidad educativa en el currículo.
La oferta académica de lenguas extranjeras en las enseñanzas
de régimen general varía en función del
nivel, del carácter experimental y depende de la obligatoriedad,
la optatividad, el área o materia e incluso del número
de horas.
Con la llegada de la nueva Ley de la Calidad, LOCE, (BOE de
24/12/02) parecía que se iba a aprovechar el gran potencial
de los alumnos más pequeños escolarizados en educación
infantil, pero ésta no ha marcado como objetivo en la
educación infantil la lengua extranjera más que
de una forma posibilista.
En educación infantil no es obligatoria la enseñanza
de lenguas extranjeras, aunque se está llevando a cabo
su implantación con carácter experimental en la
mayoría de las comunidades autónomas.
Así se está iniciando la impartición del
idioma extranjero durante el segundo ciclo de educación
infantil (3-5 años).
En los cursos en que la lengua extranjera es obligatoria, el
fin que se persigue con su aprendizaje es que los alumnos entren
en contacto con el nuevo idioma, y así lograr una sensibilización
progresiva hacia el mismo. De este modo cuando acceden al segundo
ciclo de Educación Primaria en el que la lengua extranjera
es obligatoria, los alumnos ya cuentan con conocimientos de
la lengua propia, de muchas palabras y expresiones de la lengua
extranjera, tienen cierta familiarización con la fonética
de dicha lengua. En esta etapa educativa los objetivos que se
pretenden alcanzar se refieren sobre todo, al dominio de las
destrezas básicas (leer, escribir, hablar y escuchar)
implicadas en el aprendizaje de una lengua. Se intenta que los
alumnos desarrollen la capacidad de comprender y producir textos
orales y escritos sencillos y que el aprendizaje se enmarque
dentro de situaciones habituales. Los contenidos mínimos
se refieren a tres facetas (comunicación oral, comunicación
escrita y aspectos socioculturales) y son trabajados en su vertiente
conceptual, procedimental y actitudinal. En general, los contenidos
incluyen aquellos aspectos de la lengua extranjera que pueden
ser aplicados por su elevado potencial comunicativo, para conseguir
que con un mínimo de conocimientos se cubra un máximo
de situaciones. Por último, se fijan una serie de criterios
de evaluación bastante concretos para llevar a cabo la
evaluación del aprendizaje de lenguas extranjeras. Se
han de valorar las distintas destrezas que se incluyen dentro
de la competencia comunicativa, y el profesor debe recabar información
acerca de lo que los alumnos están aprendiendo, puesto
que este es el único modo de ajustar el proceso de enseñanza
al proceso de aprendizaje del alumnado, de esta forma se les
ofrece a los propios alumnos información sobre su propio
proceso de aprendizaje.
En las enseñanzas mínimas establecidas para todo
el Estado, se señala que para el segundo y tercer ciclo
han de impartirse un total de 170 periodos lectivos como mínimo,
en el área de lenguas extranjeras. En todos los cursos
que componen la Educación Secundaria Obligatoria el área
de lengua extranjera tiene carácter obligatorio. Dicha
área se complementa con la posibilidad de cursar una
segunda lengua extranjera, la cual tiene que ser obligatoriamente
ofrecida por los centros y los alumnos deben poder estudiarlas
a lo largo de toda la etapa. El horario mínimo establecido
es de 210 periodos lectivos para el primer ciclo y 240 para
el segundo ciclo.
En Bachillerato, el estudio de una lengua extranjera es una
materia común en esta etapa. El horario escolar correspondiente
a las enseñanzas mínimas establece 210 periodos
para su enseñanza que pueden ser impartidos en uno o
dos años.
Con la Ley Orgánica de la Calidad de la Educación,
LOCE, sí se ha implantado la obligatoriedad de pasar
un examen oral y otro escrito para obtener el título
de bachillerato.
Hay que señalar también que con la llegada de
esta última Ley Orgánica, LOCE, la diversificación
lingüística queda muy limitada. En la ESO y Bachillerato
la opcionalidad de L3 (segunda lengua-objeto de aprendizaje)
es menor. Esta realidad es contraria a las perspectivas europeas
comunitarias: "mejorar el dominio de las competencias básicas,
en particular mediante la enseñanza de al menos dos lenguas
extranjeras" (Cumbre de Barcelona, 2002).
En cuanto a qué enseñar y cómo enseñar
podemos hablar de una adquisición formal y una informal
en que toman parte método, profesor y alumno. Las últimas
tendencias abogan por la estrategia oral comunicativa pero la
realidad es que se sigue abusando mucho de la estrategia formal
escrita.
Singleton (1989) afirma que 1 año de clase natural equivale
a 8 años de entrenamiento formal. Las variables a tener
en cuenta son el método de aprendizaje, la organización
del entorno y los profesores. Estos deben ser tendentes a una
enseñanza bilingüe o a una inmersión lingüística
en la enseñanza de L2.
Hay que recordar que los bebés en un entorno de dos idiomas
simultáneos tienen muy buenas posibilidades de ser bilingües
equilibrados.
También hay que tener en cuenta las variables situacionales
que son: el bilingüismo real social, el ambiente social/familiar
y las actitudes hacia la lengua que deben llevar a una enseñanza
bilingüe.
Variables determinantes de la organización mental de
las lenguas son los procesos psicolingüísticos que
son operaciones mentales para producir y comprender mejor el
lenguaje.
La pregunta fundamental en la adquisición de L2 es la
relación entre el proceso de adquisición de L1
Y L2, es decir, el establecimiento de la correspondencia entre
lengua y lenguas del mundo, la proximidad tipológica,
los efectos de facilitación e interferencia.
El léxico es el principal protagonista de la adquisición
tanto para L1 como para L2. El aprendizaje de L1 y L2 comparte
los problemas de la extracción de las unidades de significado.
Normalmente se aprenden palabras en el contexto natural de la
experiencia. El léxico tiene carácter único.
Hay que evitar la estrategia de buscar sinónimos de la
palabra que limiten el significado y produzcan confusiones.
Es mejor tratar de dar una denominación lo más
precisa posible con lo esencial del concepto. También
tiene que evitarse la tendencia a traducir simultáneamente.
La frecuencia de una palabra en un lenguaje se relaciona con
la frecuencia de su término correspondiente en el otro
lenguaje por lo que cuanto antes adquieran estas palabras tan
frecuentes antes serán capaces de desenvolverse en las
cuatro destrezas básicas (comprensión y expresión
oral y escrita) y así lograr la mejor competencia lingüística.
CONCLUSIONES
La transferencia de la competencia adquirida en una lengua (L1,
normalmente) a la lengua de adquisición (L2) es un mecanismo
natural del proceso de adquisición y depende primariamente
del grado de proximidad existente entre sus sistemas léxico
y sintáctico y además puede facilitar o interferir
simultáneamente.
Los bilingües pueden ocasionalmente mezclar las dos lenguas
y no por ello dejar de ser bilingües competentes, lo cual
no puede considerarse como desventaja sino como una gran ventaja.
Un bilingüe equilibrado para ser funcional no tiene por
que tener exactamente la misma competencia en las dos lenguas,
de hecho, pueden pensar en las dos lenguas, no tienen que traducir
del idioma más débil al dominante.
No se ha demostrado que aprender dos lenguas tenga efectos decisivos
sobre la inteligencia.
Los bilingües no son ni más ni menos inteligentes
por el mero hecho de serlo.
Conocer varias lenguas proporciona diferencias experiencias
y formas de aproximarse a la realidad por lo que en al menos
en un sentido social-cultural favorece la flexibilidad cognitiva.
Este aprendizaje posibilita la formación de un tipo de
pensamiento menos rígido y más flexible, un tipo
de pensamiento más capaz de reconocer al otro hablante
como uno mismo.
El bilingüismo desarrolla las habilidades metalingüísticas
y no produce trastornos del lenguaje:
Los trastornos del desarrollo del lenguaje se ponen de manifiesto
con más claridad en entornos bilingües, cuando ocurre
esto se suele atribuir al bilingüismo.
Los efectos negativos sobre el desarrollo del lenguaje están
ligados a variables sociales y de aprendizaje.
Ser bilingüe no significa hablar dos idiomas con el mismo
grado de competencia comunicativa.
El contacto temprano con más de una lengua influye en
la motivación para aprender una segunda lengua y la autopercepción
de la competencia en la segunda lengua favorece las actitudes
culturales.
No es necesario que el niño aprenda bien la primera lengua
(L1) antes de empezar a aprender la segunda (L2). Los niños
pueden iniciar el aprendizaje de la segunda lengua en cualquier
momento.
La exposición simultánea a más de una lengua
en los primeros momentos de la vida no tiene consecuencias negativas
sobre la organización cerebral del lenguaje.
No es imposible aprender una segunda lengua después de
cierta edad pero sí hacerlo de la forma en que se produce
el aprendizaje temprano de L1.
En el caso de los niños menores de seis años retrasar
el comienzo de una lengua extranjera es desperdiciar una oportunidad
muy valiosa. Por un lado, con la edad, la ductilidad de los
órganos fonoarticulatorios se va anquilosando y la percepción,
discriminación, diferenciación e identificación
de los fonemas se va mediatizando según se va fijando
el sistema fonológico de la lengua materna por otro lado,
la transferencia inadecuada de los códigos lecto-escritores
entre ambas lenguas actúa como un lastre que interfiere
en la correcta pronunciación de la lengua extranjera
y, lo que es peor, en la comprensión de los mensajes
orales.