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LA DESIGUALDAD LABORAL ENTRE HOMBRES Y MUJERES
Virginia García-Lago
Maestra y Licenciada en Psicopedagogía. AA. CES Don Bosco.
1. INTRODUCCIÓN - RESUMEN
Existe desigualdad en la proyección laboral entre los
hombres y las mujeres. El difícil acceso de la mujer
a los puestos de dirección, suele ser explicado por un
término metafórico: el techo de cristal. Uno de
los factores que explican la existencia y el mantenimiento de
estas barreras, es el estereotipo. Y el estereotipo tanto descriptivo
como prescriptivo impide a la mujer acceder en igualdad de condiciones
(formativas y personales) a un puesto determinado. La educación
en el "no estereotipo" se revela como la única
vía posible para superar la desigualdad imperante.
2. LA DESIGUALDAD LABORAL ENTRE GÉNEROS: UNA REALIDAD
El final del siglo XX y el inicio del XXI se ha caracterizado
por ser una época de cambios rápidos en el entorno
socio-económico. Uno de los cambios significativos ha
sido el aumento de las tasas de actividad de las mujeres en
ámbitos en los que su presencia tradicionalmente era
escasa. Las mujeres han ido accediendo progresivamente a las
organizaciones y comenzando a formar parte de sus estructuras
de poder, pero su acceso no se ha realizado en los mismos porcentajes
en todos los niveles.
Según datos del Eurostat (2002), aunque el 43.1% de
las personas empleadas en la Unión Europea son mujeres,
sus condiciones de empleo son peores que las de los hombres:
el 32% de las mujeres trabaja a tiempo parcial (frente al 7%
de los hombres) y de las personas que reciben supervisión
por un superior, el 21% tiene como jefe a una mujer, mientras
que el 63% tiene como jefe a un hombre.
Existen numerosas investigaciones que tratan de explicar las
diferencias en el avance profesional de hombres y mujeres. Osca
y Martínez-Pérez (2002) llegan a las siguientes
conclusiones:
- No existe igualdad en los indicadores de avance profesional
de los hombres y de las mujeres (mostrando ellas un menor número
de ascensos y sueldo.
- Sin haber diferencias en nivel de estudios ni en el status
alcanzado en la organización, los hombres consiguen mejores
resultados en su carrera profesional.
- Respecto al poder predictivo de algunas variables personales
sobre los indicadores del éxito profesional, vemos que
para las mujeres el nivel de estudios es la única variable
significativa, mientras que para los hombres influye no sólo
los estudios, sino también los años en el mercado
laboral y el esfuerzo que haga para promoverse.
La desigual participación y trato para ambos sexos vienen
a reflejar la realidad y actualidad del concepto de techo de
cristal.
3. EL TECHO DE CRISTAL
El techo de cristal -glass ceiling- es una alusión metafórica
a las posibles barreras transparentes que impiden a muchas mujeres
con capacidad personal y profesional alcanzar posiciones en
los entornos directivos y promocionarse dentro de ellos.
Las explicaciones sobre el techo de cristal son múltiples
y variadas, pero tomaremos dos como vía de referencia:
las mantenidas por Burn (1996, p.73) y la de Morrison y Von
Glinow (1990)
Burn resume las razones para explicar la existencia del techo
de cristal en siete puntos, a saber:
1. La creencia extendida de que la mujer ofrece menos capital
humano a la organización (recursos individuales que ofrecen
a la organización)
2. Creencia de que la mujer no dirige tan bien como los hombres
(asumiendo que los hombres y las mujeres utilizan estilos de
liderazgo, es más efectivo el usado por el hombre)
3. Existencia de estereotipos que hacen percibir a las mujeres
como menos capacitadas para las posiciones directivas
4. Las normas existentes en algunas organizaciones pueden favorecer
la contratación y ascenso de los hombres
5. En determinadas organizaciones las mujeres no pueden acceder
a las experiencias necesarias para poder avanzar en la organización
(las mujeres están en ocasiones estructuralmente en desventaja)
6. Las responsabilidades que las mujeres asumen en la casa y
en la familia pueden impedirles la movilización en la
organización
7. La percepción por parte de los hombres, pero también
de las propias mujeres, de que su compromiso primario está
en la casa y en la familia.
Morrison y Von Glinow proponen tres teorías para explicar
el acceso diferencial de las mujeres a los puestos drectivos:
1. La teoría del capital humano (la mujer ha invertido
menos en su formación y capacitación profesional).
Teoría fácilmente rebatible con cifras en la mano:
mayor presencia de las mujeres en la universidad desde el curso
1986-1987, mejores expedientes académicos y brillantez
en los estudios...
2. Los grupos de presión (clientes, directivos...), a
los que aún les afectan los estereotipos sexuales, y
que pretenden mantener el status quo hacen muy difícil
la igualdad entre hombres y mujeres.
3. Los grupos existentes en una organización reflejan
la estructura y el reparto de tareas a nivel social, y es posible
que las decisiones que atañen a las mujeres en el ámbito
laboral reflejen los prejuicios de la sociedad.
4. ESTEREOTIPOS, PREJUICIOS Y SU REPERCUSIÓN EN LA DESIGUALDAD
DE GÉNERO
Un estereotipo es una creencia compartida acerca de los atributos
personales típicos de un determinado colectivo (en este
caso la población femenina) Son el componente cognitivo
de las percepciones que tenemos acerca de los demás,
una imagen mental compartida por un grupo de personas. Son resistentes
al cambio, simplifican la realidad, generalizan y orientan las
expectativas.
El prejuicio es una actitud o predisposición negativa
injustificable hacia un grupo y los individuos que lo integran,
teniendo un fuerte componente emocional. El prejuicio es previo
al juicio; nos inclina en contra de una persona con base sólo
en su identificación con un grupo particular.
El que las posiciones directivas y de liderazgo hayan estado
tradicional y legítimamente ocupadas por hombres, hace
que los estereotipos de esas ocupaciones y el personal que las
ocupa, así como los prejuicios a que sean ocupadas por
"otros", (léase la mujer) son, a mi modo de
ver, los factores que hay que tener más en cuenta en
la existencia del techo de cristal.
Numerosos autores encuentran en el estereotipo y el prejuicio
la causa principal de la discriminación a la mujer en
su trayectoria profesional. Así, Eagly y Karau (2002),
desarrollan la "Teoría de congruencia de rol del
prejuicio hacia líderes femeninos". Su punto de
partida es que el prejuicio hacia las mujeres que ocupan un
puesto de liderazgo surge de la incongruencia que las personas
perciben entre las características femeninas y los requisitos
del rol de líder. Y estas incongruencias pueden deberse
a las expectativas descriptivas asociadas al rol social (estereotipo
descriptivo), a saber: creencias sobre los atributos, roles
y conductas que caracterizan a hombres y mujeres, o debido a
las expectativas injuntivas (estereotipo prescriptivo): creencias
sobre los atributos, roles y conductas a os que "deben"
conformarse hombre y mujeres.
Revisando la literatura psicosocial, vemos que tanto el componente
descriptivo como el prescriptivo o injuntivo, juegan un papel
principal en la discriminación (Burguess y Borgida, 1999,
p.666).
Componentes descriptivos Componentes prescriptivos
Creencias acerca de los atributos, roles y comportamientos que
caracterizan a los hombres y a las mujeres
Sus resultados en la discriminación a través del
impacto disparatado cuando las mujeres son percibidas en términos
del tradicional estereotipo de género y consecuentemente
son infravaloradas para desempeñar ocupaciones masculinas
La discriminación puede ser no intencional
El estereotipo sirve para estructurar la información
de nuestra vida diaria
Los hombres y las mujeres pueden discriminar Creencias acerca
de los atributos, roles y comportamientos que se espera de los
hombres y las mujeres
Sus resultados en la discriminación a través del
tratamiento disparatado cuando las mujeres son devaluadas o
deben trabajar en u ambiente hostil de trabajo por violar las
prescripciones acerca su manera de comportarse como mujer
La discriminación es motivada por la hostilidad y el
prejuicio de género
El estereotipo sirve para mantener el poder de la sociedad
Los hombres suelen discriminar más que las mujeres
Así, el estereotipo femenino describe a la mujer como
cálida, sensible, orientada a las relaciones, expresiva,
débil...; y al hombre como frío, duro, práctico,
orientado a las tareas, asertivo, fuerte... En el aspecto que
nos ocupa se ve al hombre como "capaz" de liderar
una organización y al hombre como "incapaz"
de ejercer este liderazgo.
Pero en el meta-análisis de Eagly y Johnson (1990) se
encuentra que aunque las diferencias son poco significativas,
se destacan las siguientes:
- Las mujeres lideran con estilos más democráticos
y participativos que los hombres y que estos lo hacían
de forma más autocrática o directiva.
- Las mujeres están más orientadas a las relaciones
que los hombres, pero no existen diferencias en la orientación
a la tarea.
Los autores explican que estas escasas diferencias en los resultados
es debido a que el rol organizacional se impone al de género.
La mujer comienza a hacer lo que se espera de ella dentro de
una tarea tradicionalmente masculina y lo consigue... pero a
cambio de qué... ¿de perder su "feminidad"?
(entendiendo por feminidad, la feminidad estereotipada) y a
pesar de todo, la evaluación de las mujeres líderes
es ligeramente peor que la de los hombres... ¿por qué?
Por el componente prescriptivo del estereotipo. Veamos un ejemplo
ilustrativo en el caso Price Waterhouse versus Ann Hopkins.
Ann Hopkins era una contable a la que se denegó la participación
en los beneficios de su compañía por "no
ser suficientemente femenina" (sin tener en cuenta la brillante
carrera desempeñada hasta el momento).
Como trabajadora era competente, ambiciosa y tenaz. Recibía
excelentes evaluaciones de sus clientes y era la persona que
más horas extras hacía en la empresa. Pero según
la empresa, tenía problemas de habilidades interpersonales,
se comportaba como un macho y necesitaba un curso de encanto,
advirtiéndole que debía "andar, hablar y
vestirse de modo más femenino".
Es decir, a Ann Hopkins se le denegaba la participación
de los beneficios no por no tener cualidades "masculinas"
para una ocupación que las necesitaba, sino por todo
lo contrario. Es decir, no fue excluida por ajustarse al componente
descriptivo del estereotipo femenino, sino por satisfacer los
aspectos prescriptivos del rol de género masculino.
Si una mujer se comporta según el estereotipo descriptivo
de género, en muchas organizaciones se considera que
esa mujer no es válida para desempeñar un puesto
de alta dirección... si una mujer no se comporta según
el estereotipo descriptivo, está traicionando los preceptos
del estereotipo prescriptivo, e igualmente esto la incapacita
ante la opinión pública para acceder a un puesto
de liderazgo...
Parece que nos encontramos en un punto sin retorno. Y más
si miramos las cifras (García-Lago y Tejado, 2004): 150
alumnos de 5 años al recibir la orden "dibuja a
una persona trabajando en su casa", dibujaron a una mujer...
a los 5 años el estereotipo de género ya está
conformado en la mente de los niños...
Sólo queda una vía posible que reduzca la desigualdad
entre géneros: la educación. Y la educación
en los primeros años de vida, cuidando los mensajes a
los que están expuestos los niños (en los cuentos,
en las películas, en su casa, en el colegio...).
La erradicación de los estereotipos es un proceso largo
y costoso que implica compromiso por parte de todos los sectores
de la sociedad. Pero un mundo que exige y pide igualdad, merece
el esfuerzo de todos y la creación de programas educativos
que reduzcan la estereotipación. En este caso, de las
mujeres, pero no nos olvidemos de los demás colectivos
estereotipados que por similares razones a las aquí expuestas,
siguen luchando por la igualdad.
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