Advertencia:
Las imágenes, tablas y gráficos de este artículo
no serán visibles en este formato. Ejecute este mismo
archivo en formato doc o pdf, si quiere visualizarlas.
¿A QUÉ NOS REFERIMOS CUANDO HABLAMOS DE VALORES?:
UNA APROXIMACIÓN DESDE LA PERSONALIDAD.
Jennifer Delgado Suárez
…es necesario devolver al hombre la conciencia y el prestigio,
hacer vibrar en él las cuerdas que la escuela ha descuidado
totalmente, sin las cuales nuestro fracaso no cesará
de acrecentarse. Todo está por hacer o por rehacer. Y
esta renovación no la podemos abordar con la vieja pedagogía.
C. Freinet: La educación moral y cívica, 1960.
RESUMEN
La creciente "pluralidad homogeneizante" que afecta
la sociedad y por la que se ve perneada el proceso educativo
hace que la educación en valores cobre particular importancia
en tanto interesa la formación de individuos autodeterminados
y comprometidos con su sociedad.
La comprensión de cómo se estructuran los valores
en la personalidad y regulan de esta forma el comportamiento,
facilita el proceso de su formación confiriéndole
un carácter individualizado y estable a través
de su integración en las Tendencias Orientadoras de la
Personalidad.
Palabras Claves: Educación, valores, estructura de la
personalidad y regulación comportamental.
ABSTRACT
The increasing "homogeneity plurality" that affects
society and strikes the educational process, locates the values
education in an important step in order to form self determinate
individuals with a high degree of commitment with theirs society.
Comprehension about values' structure into personality and its
behavior's regulation could facilitate its process of formation
with an individual and stable character through values' integration
into the Oriented Personality Tendency.
Key words: Education, values, personality structure and behaviour's
regulation.
INTRODUCCIÓN
A través del tiempo, el desarrollo de determinadas relaciones
de producción ha presupuesto diferentes relaciones sociales
que traen aparejadas un conjunto de contradicciones que deben
ser reguladas para lograr la inserción adecuada del hombre
en el sistema social en que vive. La conciencia moral aparece
como condición indispensable para la existencia "más
o menos" armónica de los hombres cumpliendo funciones
de control de la conducta de los individuos y los grupos sociales.
Pero no pueden analizarse las relaciones morales como idiosincrásicas
de un cierto modo de producción sin tener en cuenta la
cultura e historia del país; lo que les confiere una
expresión socio-histórica concreta y hace que,
aún dentro de una misma formación económica
social existan diferencias notables en el sistema moral instituido
socialmente.
Constituye entonces una fuente de preocupación para todas
las sociedades desarrollar hombres que compartan sus valores,
normas y principios, aún cuando la expresión de
los mismos varíe según los grupos sociales y de
sujeto a sujeto.
La educación ha sido históricamente un proceso
de reproducción de la sociedad y a la vez expresión
de la misma siendo la encargada de transmitir determinados patrones
socioculturales y encauzando el proceso de asimilación
individualizada de los mismos.
Pero la educación, analizada parcialmente desde las instituciones
sociales dedicadas a la enseñanza, no siempre contempló
dentro de sus objetivos el proceso de desarrollo pleno de la
personalidad y por tanto la educación en valores.
El individuo pasa de ser objeto a sujeto de la enseñanza,
logrando de esta forma un desarrollo armónico de su personalidad
a partir de cambios cualitativos en la forma de enfrentar el
proceso docente-educativo: ubicando el énfasis del proceso
en la relación enseñanza-aprendizaje, con la consecuente
comprensión de la unidad cognitivo-afectiva y adoptando
una postura de respeto a los principios democráticos
de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales de
los hombres.
Así, la educación en valores, se ha convertido
en una tarea de gran popularidad, lo que ha conducido a visiones
atomistas que se mueven desde la transmisión o imposición
de valores absolutos, hasta el relativismo y subjetivismo axiológico.
Sin embargo, una educación que llegue a comprender al
hombre como personalidad, tanto en su estructura como en sus
funciones, aún sin poseer una verdad absoluta, se acercará
en gran medida a la formación de un ser humano comprometido
consigo mismo y con su sociedad.
DESARROLLO
El individuo como personalidad vive continuamente conflictos
de valor, tanto más si se halla inmerso en un mundo permeado
por la globalización y otras tendencias homogeneizadoras
en contraposición con el pluralismo que pretende terminar
con la existencia de modelos absolutos. Siendo los contextos
sociales cada vez más complejos, se necesita un sobreesfuerzo
personal para construir valores morales propios, razonados y
lo más exentos posibles de la influencia externa. Esta
situación se agudiza si nos percatamos que en la actualidad
la mayoría de las sociedades asisten a una crisis de
valores que se patentiza en una traspolación del valor
a lo que se consideraba antivalioso, lo que conlleva a una inseguridad
individual acerca de cual es el verdadero sistema de valores
y por consiguiente a un cambio en la jerarquía de los
mismos.
De aquí emerge la importancia de crear las condiciones
necesarias y óptimas para que cada persona descubra y
realice la elección libre y lúcida de sus valores
en el proceso educativo.
Surge entonces la pregunta: ¿Puede educarse en valores
adecuadamente si no se conoce cómo estos se integran
en la personalidad del individuo regulando así su comportamiento?
Los valores son "proyectos globales de existencia que se
instrumentalizan en el comportamiento individual a través
de la vivencia de unas actitudes y del cumplimiento, consciente
y asumido de unas normas o pautas de conducta".
Existe un sistema objetivo de valores concebidos como parte
de la realidad social y un sistema de valores socialmente instituido
y reconocido oficialmente que constituyen el medio en el cual
cada individuo en su relación con los demás construye
su propio sistema de valores personalizado.
El individuo en el proceso de socialización desarrolla
sus propios valores que pueden tener una menor o mayor correspondencia
con los valores sociales y que van a regular en diferente medida
su actuación social. De esta forma, según su grado
de autonomía y el desarrollo alcanzado, los valores se
han clasificado como:
Reactivos: de carácter más bien compulsional,
regulan la actividad sólo ante la presión externa.
Adaptativos: aquellos que se expresan en una meta establemente
asumida por el individuo pero que es tomada del medio para obtener
premios y/o evitar castigos.
Autónomos: se ponen de manifiesto en una meta asumida
establemente por el sujeto y elaboradas por éste, no
respondiendo a premios o castigos del medio. 2
Los valores reactivos y adaptativos no caracterizan a la persona
en tanto no se integran en su personalidad, desplegándose
fundamentalmente ante condiciones actuantes. Actúan como
reguladores externos del comportamiento pues su expresión
obedece a un motivo que no es el valor en sí mismo sino
la obtención de determinado beneficio o aceptación
social.
Estos valores, siendo consecuentes con los postulados vygotskianos,
pueden considerarse como una etapa interpsicológica inicial
en el proceso de su formación e integración personalizada,
que caracteriza a la niñez y primera adolescencia donde
el desarrollo de la personalidad es aún incipiente. Pero
la continuidad en su manifestación en la etapa adulta
puede indicar la formación estable de lo que algunos
autores conciben como contravalores o antivalores.
El individualismo y oportunismo, con su correspondiente significación
social negativa, pueden desarrollarse como contra valores intrapsicológicos
y expresarse bajo la apariencia de valores reactivos y/o adaptativos.
En cambio, los valores autónomos se configuran, al igual
que las normas, actitudes y motivos en unidades psicológicas
primarias: "una integración cognitivo-afectiva relativamente
estable, que actúa de manera inmediata sobre el comportamiento
ante las situaciones vinculadas a su acción reguladora".
1
En este nivel el individuo se orienta por estas unidades que
aparecen bien definidas en su conciencia, pero al contrario
del carácter rígido que le confieren los diferentes
autores en tanto son expresión de un alto potencial emocional
y poco susceptibles a la mediatización cognitiva; pueden
analizarse con los indicadores brindados por González
Rey para comprender cómo la formación motivacional
de la personalidad tiene diferentes niveles de expresión
según la actuación:
Flexibilidad-rigidez con que se expresa el valor en la regulación
de la actuación.
Posición que asume el sujeto en la expresión de
los valores en la regulación de su actuación,
que puede ser activa (expresada en los valores personalizados)
o pasiva (expresada en los valores formales).
Grado de mediatización de la conciencia en la expresión
de los valores que le permite argumentar su sistema de valores.
Perseverancia-inconstancia en la expresión de los valores
ante las diversas situaciones.
Perspectiva mediata-inmediata en la expresión de los
valores ante condiciones determinadas. 2
De esta forma, la expresión de los valores en el comportamiento
y su regulación no va a estar determinada por una característica
a priori de las unidades parciales, sino que estas son mediadas
por la personalidad y a la vez se convierten en reflejo de la
misma.
Un sujeto que no sea capaz de revalorar y reestructurar sus
proyectos para adecuarlos a las nuevas exigencias o a las distintas
situaciones, difícilmente será capaz de actuar
de manera flexible en la expresión concreta de un determinado
valor previamente configurado como unidad psicológica
primaria.
Pero debido al carácter sistémico de la personalidad
que determina que sus elementos y formaciones se integren en
diferentes configuraciones psicológicas de manera simultánea,
los valores internalizados estructurarse en formaciones psicológicas
como: el ideal moral y la autovaloración; donde a pesar
de existir un componente emocional se patentizan con mayor fuerza
las valoraciones, los objetivos, una elaboración bastante
consciente que opera con los contenidos de las tendencias orientadoras
de la personalidad.
Así, los valores pueden integrarse en la tendencia orientadora
de la personalidad; comprendida ésta como "el nivel
superior de la jerarquía motivacional de la personalidad,
la que está formada por motivos que realmente orientan
a la personalidad hacia sus objetivos esenciales en la vida;
lo que presupone una estrecha relación de la fuerza dinámica
de los motivos con la elaboración consciente, por el
sujeto, de sus contenidos". 3
Para que los contenidos sociales, entre ellos los valores, con
los que el individuo interactúa puedan integrarse en
la tendencia orientadora de la personalidad y ser efectivos
en la regulación del comportamiento, deben adquirir un
sentido personal, dándose un proceso de vivenciación
y concientización de forma tal que se establezca un vínculo
entre el reflejo cognoscitivo del valor y una determinada carga
afectiva.
Las operaciones cognitivas son portadoras de un contenido emocional
derivado del contenido de los motivos que representan, pero
en ocasiones la valoración o idea se constituye sobre
la base de las emociones como manifestación de motivos
y en otros casos las emociones surgen como resultado de un proceso
reflexivo que induce a incluir un hecho dentro de la esfera
motivacional.
Es necesario para lograr la estabilidad del valor y despojarlo
del carácter inmediato, de un determinado equilibrio
entre la carga afectiva y cognoscitiva con que se estructuró
en la personalidad en un primer momento.
Por esto se hace imprescindible una determinada congruencia
entre el valor a adquirir y el sistema funcional y estructural
de la personalidad, ya que éste debe estructurarse en
síntesis reguladoras más complejas y en interacción
con los diferentes contenidos anteriormente conformados.
Una vez que el valor conforma las tendencias orientadoras de
la personalidad va a implicar una regulación normativa
individual que no está determinada por los acontecimientos
sino que está estructurada en un plan que tiene su base
en las formaciones de sentido, en la forma en que los valores
fueron interiorizados, en tanto ellos reportan un conjunto de
relaciones y principios entre sí y no un motivo concreto
sino un conjunto de ellos.
En el proceso de interiorización del valor, el individuo
en su relación con el mismo le confiere un sentido y
una jerarquía, pero solo puede configurarse satisfactoriamente
en las tendencias orientadoras de la personalidad en la medida
en que sea relativamente consecuente con la formación
de sentido pre-existente.
A partir de su afianzamiento en el sistema motivacional, va
a constituir un modelo o plan a seguir que va a orientar y regular
el comportamiento, convirtiéndose a su vez en normas
de autoevaluación de la propia actividad.
Pero para que los valores orientadores se expresan como motivos
en la actividad ejerciendo a su vez un papel planificador, regulador
y verificador de la acción, se hace necesario que cuando
aún el valor no se encuentre estructurado como característica
individual del sujeto, en su aproximación al mismo, éste
desarrolle una actitud positiva y una orientación afectiva
y emocional, que va a estar dada por la medida en que el sujeto
satisfaga sus necesidades, ya sean éstas de orden primario
o superior, individuales o sociales.
Así, el valor que generalmente aparece en el individuo
íntimamente vinculado con la satisfacción de sus
necesidades, al alcanzar un nivel superior se convierte en productor
de necesidades, siendo uno de los sectores más estables
de las orientaciones de la personalidad aunque sea susceptible
a cambios y enriquecimiento en el transcurso de la actividad
y la experiencia de la personalidad.
Finalmente, el sistema de valores estructurado como contenido
personalizado, se incluye en sistemas en constante desarrollo
sobre cuya base crecen las potencialidades reguladoras de la
personalidad, permitiendo conformarnos una idea de la relación
del hombre con su sociedad y de su historia individual, siendo
expresión de un momento socio-histórico concreto.
CONCLUSIONES
Siendo congruente con estas ideas, la educación en valores
no debe ir dirigida a la transmisión de contenidos y
valores estándares, sino al proceso de configuración
conjunta con el sujeto, de un sistema de valores personalizados
portadores de un sentido moral para él, realmente vivenciado
y asumido, donde se tengan en cuenta sus características
personológicas y el sistema objetivo de valores instituido
en la sociedad en su expresión concreta y universal.
Es necesario para la incorporación del valor que el sujeto
experimente la necesidad práctica de desarrollarlo en
sí y que sea capaz de conferirle un valor instrumental.
El individuo debe estar en interacción con el valor,
con las personas que lo portan, sentir su actualidad e importancia.
No basta con que el valor sea conocido por las personas, sino
que tiene que convertirse en objeto de reflexión, vincularlo
con su vida cotidiana en sus relaciones con los demás
y con su concepción del mundo para que tome cuerpo como
cualidad de la personalidad.
Se hace imprescindible para la adquisición de sentido
personal la comunicación, la puesta en común,
el espacio para el discernimiento y la construcción racional
de un sistema de valores; ubicar al sujeto en situaciones que
impliquen conflictos de valor mediante disyuntivas afectivo-cognitivas
que le confieran un afianzamiento del valor y el desarrollo
del pensamiento crítico.
Desde el punto de vista personológico para lograr incidir
en la formación de valores es menester apoyarnos en tres
elementos fundamentales:
Coordinación del valor a desarrollar con el sistema personológico
estructurado con anterioridad de manera que sea congruente con
las formaciones psicológicas individuales.
Balance cognitivo-afectivo que constituya una base sólida
para la incorporación del valor al sistema personalizado.
Desarrollo del valor como una necesidad, que pueda vivenciar
el sujeto en la actividad a través de la comunicación
asertiva y el pensamiento crítico.
BIBLIOGRAFÍA
AVENDAÑO, R. y Minujin, A. (1990) Un sistema autorregulado
de influencias educativas, p.39-54. Revista de Ciencias Pedagógicas,
No.20, Enero-Junio, La Habana.
BATISTA Gutierrez, T. y Rodríguez Arteaga, C. (2001)
La formación de valores mediante el método del
paradigma: una actividad interactiva. Revista Cubana de Educación
Superior. 21, (2), La Habana.
BOLÍVAR, Antonio. (1998) La evaluación de valores
y actitudes. Vía gráfica, Madrid.
GONZÁLEZ, F. (1982) Algunas cuestiones teóricas
y metodológicas sobre el estudio de la personalidad.
Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
GONZÁLEZ, F. (1989) La personalidad. Su educación
y desarrollo. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
GONZÁLEZ, F. (1983) Motivación moral en adolescentes
y jóvenes. Editorial Científico-Técnica,
La Habana.
GONZÁLEZ, F. (1985) Psicología de la personalidad.
Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
GONZÁLEZ, F. (1991) Selección de lecturas sobre
psicología de la personalidad. ENPES, La Habana.
GONZÁLEZ Serna, Diego J. (2000) Los valores y su formación:
una interpretación psicológica. Revista Cubana
de Psicología 17, (3), La Habana.
ORTIZ Torres, E. (1997)Un modelo de personalidad para la formación
de valores en la educación superior. Psicología
científica.com.
Vázquez Cedeño, S. (2002) Educación en
valores en la Universidad. La formación ético-cívica
del ingeniero mecánico en la UCf: una propuesta didáctica.
Tesis de doctorado.