LA
TÉCNICA EN LA DIRECCIÓN MUSICAL
Mariano
Fuertes Fernández
Resumen
Las diversas técnicas de dirección musical hace pocas
décadas que se afianzaron y pasaron a formar parte de los estudios reglados.
Antes, cada director tenía que solventar sus problemas con grandes dosis de
ingenio, muchas horas de trabajo y no pocos sacrificios que sus músicos o
cantores también tenían que compartir. Hoy con una buena técnica podemos
interpretar cualquier obra musical economizando mucho tiempo, gastos y energías
y consiguiendo unos resultados artísticos altamente satisfactorios. La técnica,
con ligeros matices, es común para todo tipo de música y para todo tipo de
agrupación musical, basta con aplicarla correctamente.
Abstract
The various techniques of musical direction were
consolidated a few decades ago. Since then they have become a part of the
curricular studies. Prior to this consolidation, each conductor had to solve
his problems using a great deal of wit, working a really long time and
undergoing many sacrifices, which were often shared by his own singers, as
well. We can currently interpret any piece by means of a good technique in
order to spare a lot of time, efforts and energy, so that the results will be
highly positive. The technique, with slight differences, is the same for all
kinds of music and groups. It just requires a suitable application.
No nos es posible dar aquí una
exhaustiva visión teórica de la técnica que más conocemos, me limitaré a
esbozar algunos conceptos y contenidos, valorarlos, hacer un pequeño análisis y
sobre todo a sembrar inquietudes. Han pasado los tiempos en los que cada
director desarrollaba su propia técnica y suplía las carencias y las
dificultades que podía encontrar con grandes dosis de trabajo y buena voluntad,
exigiendo a músicos o cantores sacrificios innecesarios.
El director de orquesta o coro surgió a
raíz de la problemática interpretativa que suponía la necesidad de aunar los
criterios de los diferentes instrumentistas o cantores cuando las agrupaciones
instrumentales o corales fueron
creciendo en número. Mientras estos grupos fueron reducidos, el clavecinista o
uno de los músicos era el encargado de
dar las entradas generalmente con simples indicaciones de la cabeza.
Los primeros directores, si los podemos
llamar así, se limitaban a marcar la pulsación dando golpes con la mano sobre
el facistol. Más adelante lo hicieron golpeando con un bastón o una caña sobre
el suelo, pero, como escuchar esos golpes era sumamente molesto, se optó por
enrollar una hoja de papel y teniéndola asida por el centro, con simples
balanceos se marcaba el tiempo. Más tarde estos procedimientos se sustituyeron
por los brazos del director y para que éstos fueran más visibles ante las
grandes masas orquestales, se prolongó uno de los brazos con la ayuda de la
batuta.

Fig. 1
Fig. 2
Desde el nacimiento de la figura del director hasta hace unas pocas
décadas la persona que desarrollaba la función de dirigir era uno de los
componentes de la orquesta o grupo coral, casi nunca se acudía a músicos ajenos
a ella. Hoy, en cambio, se elige a personas altamente cualificadas que se hacen
cargo de las agrupaciones musicales durante un período de tiempo más o menos
largo; a éstos los llamamos directores titulares, y para series de conciertos
específicos se cuenta con la figura de los directores invitados.
Dado el elevadísimo coste monetario, de
tiempo y de personal que implican los montajes de los diferentes conciertos o
espectáculos musicales, hoy se necesitan directores que con una técnica
depurada sean capaces de hacer funcionar a cualquier tipo de orquesta o coro empleando un reducidísimo número de
ensayos. Esto también es aplicable a la enseñanza musical, un maestro con unas
nociones básicas sobre la dirección musical tiene la posibilidad de conseguir
buenos resultados sin emplear más tiempo y esfuerzo que el necesario, y sin
necesidad de ampliar el número de ensayos.
El director es un músico con grandes
conocimientos al cual se le ha encargado tocar un instrumento muy especial: la
orquesta, los coros o ambos. Hoy los hemos convertido en unos divos. Algunos
explotan esta posición muy bien y a su favor, y no pocas veces en detrimento
del arte musical; otros viven su vocación al servicio de la música auténtica
con grandes dosis de humildad y autenticidad; también encontramos a quienes
adoptan ciertas posturas incompresibles y extravagantes que poco tienen que ver
con el verdadero artista, y por último, tampoco faltan los atrevidos e
ignorantes que se creen que lo saben todo, pero de éstos es mejor no hablar.
Hay otra figura que es la del
compositor-director. El compositor es la persona que mejor conoce su obra, pero
si no es buen director es difícil que consiga los resultados apetecidos,
existen abundantes ejemplos que corroboran esta afirmación.
Los consejos, observaciones,
comentarios sobre el director y su misión podrían ser bastante extensos, seré
parco en este tema.
En estas páginas nos referimos con
preferencia a una sola técnica y prácticamente a una sola escuela, por supuesto
que existen otras muy definidas, apreciadas y cuya labor es altamente
significativa.
1.
Técnica de dirección
Algunos grandes maestros han creado su
propia técnica y a su sombra han surgido seguidores y escuelas que han
perdurado con más o menos acierto. Este trabajo lo desarrollaremos sobre las
enseñanzas recibidas en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid en
las especialidades de Dirección de Orquesta y Dirección de Coros, con maestros
formados en la escuela del gran director Sergiu Celebidache, de lo aprendido
con algunos directores de escuelas francesas y del centro y norte de Europa y
de lo que nos han transmitido un buen número de maestros españoles. Algunos requisitos esenciales son:
§
Relajación y tensión
mínima.
Para desarrollar con ciertas garantías de éxito las técnicas de dirección
necesitamos ser capaces de adquirir una buena “relajación”, empleando en cada
momento la “tensión mínima” necesaria que requiera la interpretación de la obra
musical.
§
Continuidad de movimiento. Los ejercicios de
“continuidad de movimiento” son esenciales para dominar esta técnica con
corrección. Hemos de ser capaces de mover nuestros brazos en cierto número de
tiempos, cambiando de dirección cuando se nos indique sin interrumpir el
movimiento y sin doblarlos (romperlos) en las articulaciones naturales (codos y
muñecas), y sin perder la flexibilidad, la elegancia y musicalidad de nuestros
gestos. Esto debemos practicarlo tanto en “legato” como en “staccato”.
Lo primero que vamos a ver es lo que
entendemos por dirigir, con ello evitaremos falsas interpretaciones y muchas de
las controversias que surgen entre gentes de buena voluntad y, con demasiada
frecuencia, con muy poca formación en este campo.
2.
DIRIGIR.
“Dirigir
es re-crear, conducir y representar con el gesto, sobre unas
figuras
básicas, la música que vamos a interpretar”
Esta definición breve, concisa y más o
menos acertada la damos por válida partiendo del principio de que todo es
mejorable. Desglosémosla en sus distintos componentes:
-
“Re-crear”. Añadimos esta palabra a la
definición original, entendiéndola en el sentido de volver a nacer, surgir o
crear. La música, arte nuevo por excelencia, siempre que se interpreta nace de nuevo.
-
“Conducir”. En la definición original
tampoco aparece la palabra “conducir”, muy bien se puede sustituir por “guiar”
o por “ejecutar”. Parece más precisa la palabra ejecutar pero, la hemos evitado
para que no distraiga la atención con asuntos relacionados con otros menesteres
que nada tienen que ver con el arte.
-
“Representar con el gesto”. Es obvio que
el director y sus gestos han de encarnarse en la música que están
interpretando, intentando en cada instante ser fieles al pensamiento del autor,
interiorizando e impregnándose de su espíritu para transmitir lo que él pensó.
Una persona que dirija una música religiosa contemplativa y no emplee un gesto
plenamente identificado con el espíritu de esa música y con el recogimiento que
requiere no dirige técnicamente; por muy bien que mueva sus brazos, su música
no dejará de ser un engaño. No se puede transmitir lo que no se cree, se
siente, se respeta, se ama y se vive.
-
-
Las “figuras básicas” son las trayectorias que describen los brazos del
director durante la dirección de una obra, con o sin la ayuda de la batuta. Se
pueden representar gráficamente con sencillos diagramas.
-
“La
música”. Como es lógico, esta palabra comprende todos los tipos de obras o
montajes musicales que podamos dirigir.
-
“Interpretar”.
Es una palabra clave, tan sencilla y a la vez tan generosa que es difícil de
abarcar todos los contenidos y significados que puede encerrar: respeto al
compositor, respeto a su pensamiento e intención, respeto a la obra, estudio y
análisis de las circunstancias que rodearon su creación, encarnarse en ella,
hacerla vida propia y transmitirla en su auténtica dimensión.
3.
Misión del director.
En el orden técnico, "Dirigir" físicamente es un constante
marcar anacrusas. Por este principio, todo cambio que se verifique en la
música, bien sea de tiempo, ritmo o intensidad, tendrá reflejo en el director
una unidad de pulso antes que en el coro o en la orquesta. El director que no
da las anacrusas necesarias no dirige, simplemente se limita a llevar el
compás. Dirigir no es marcar el compás, aunque para dirigir es imprescindible
saber llevarlo con toda exactitud. Más adelante se precisa lo que entendemos
por anacrusas.
En el orden musical, la misión del director consiste en unificar, bajo su propio criterio artístico los
criterios de todos los profesores de la orquesta o componentes del coro. Si los
músicos o cantores se detienen para hacer un calderón, signo musical de
duración cuya interpretación es un tanto aleatoria, será prácticamente
imposible que se reanude la ejecución de la obra con exactitud si cada
interprete sigue su propio criterio. En este caso, y en muchos más, se necesita
la ayuda de un director para poner a todos los ejecutantes de acuerdo. Lo mismo
sucederá si tenemos que hacer un “ritardando” o un “accelerando”.
El director sólamente debe intervenir
cuando sea necesario.
Antes de que salga el director a
escena, los músicos o cantores ya habrán ocupado sus lugares y afinado sus
instrumentos, cuando esté todo a punto, hará su entrada y ocupará su lugar.
4. COMPRENSIÓN
DE CONCEPTOS BÁSICOS
Para una mejor comprensión de todo lo
que vamos a exponer, necesitamos conocer algunos conceptos como los siguientes:
§
Tiempo de concentración o
preparación.
El director, situado en su lugar, dará un pequeño tiempo para que todos los
interpretes se concentren y adopten la postura adecuada; él, mientras,
permanecerá quieto, en una postura elegante, sobria, digna, cómoda y relajada.
Por último comprobará con una simple mirada que todo está dispuesto e
inmediatamente pondrá la postura inicial para dar la entrada.
§
Posición inicial: Es la postura que adopta
el director instantes antes de batir la anacrusa (entrada) inicial. Consiste en
poner el cuerpo erguido, sin más tensión de la necesaria, la cabeza levantada
mirando al grupo que va a dirigir, las piernas ligeramente separadas para
mantener un buen equilibrio, los brazos ligeramente adelantados, los antebrazos
paralelos al suelo y entre sí, las
manos siguiendo el paralelismo de los brazos evitando que queden colgando, y
los dedos ligeramente curvados en su posición natural. La batuta, cuando se
use, será una prolongación del brazo, tiene su propia técnica de apoyo y
sujeción. Como es natural, cada director según su constitución, tendrá que
buscar su propia posición inicial.
Fig. 3 Fig. 4 Fig.
5
Una vez
que el director ha adoptado esta postura y ha conseguido la atención de todos
los intérpretes debe de iniciar la interpretación de la obra. Es improcedente
poner la posición inicial nada más salir o permanecer en ella más tiempo del
absolutamente necesario. El director que permanece en la posición inicial más
tiempo del requerido favorecerá el que los músicos o cantores pierdan su
concentración. Hay directores que sin motivo adoptan la posición inicial y
luego la retiran, con esto lo único que consiguen es confundir a los músicos
pues no van a saber cuál es la postura definitiva. Si tenemos que hacer alguna
observación imprescindible se debe hacer antes de colocar nuestros brazos.
En algunos coros se acostumbra a abrir las
carpetas de las partituras a una señal del director poco antes de iniciar el
concierto.
Durante el tiempo de concentración o parte
de él y de la postura inicial, el director tiene que interiorizar el ritmo de
la música que va a interpretar, ésta ya tiene que estar sonando en su interior
para que las características de la anacrusa inicial que va batir para dar la
entrada, vayan llenas de contenido.
§
Referencia óptica. Llamamos referencia
óptica al espacio que recorren los brazos (o al tiempo que tardan en recorrer
ese espacio) desde que salen de la posición inicial hasta que regresan a ella. Coincide con la anacrusa inicial.
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Posición inicial
1
Los brazos
salen de la posición 1 y vuelven a ella siguiendo la misma trayectoria.
§
Tiempo de visualización. Es el tiempo mínimo que
necesitamos para captar y reaccionar ante las diferentes anacrusas e
indicaciones que realiza el director. El ser humano necesita un tiempo mínimo
para percibir la información a través de sus ojos y otro pequeño espacio de
tiempo para procesarla y reaccionar. El director que da la entrada sin tener
presente el tiempo mínimo de visualización se encontrará con la desagradable
sorpresa de las “entradas falsas”.
§
Centro o campo eufónico es el espacio que puede
abarcar el director con sus brazos al dirigir. Dependerá de la anatomía de cada
persona. Es importante saber hasta dónde llegan nuestros límites, no sea que
iniciemos la interpretación de una obra con un gesto demasiado grande y cuando
queramos aumentar la intensidad ampliando nuestros gestos no tengamos ya más
posibilidades.
§
Anacrusas. Son las unidades de
pulso que bate el director para dar las diversas entradas o para señalar los
cambios de tiempo o de matiz. Como se puede apreciar, su sentido es diferente a
lo estudiado en lectura musical que llamábamos anacrusa a las notas de los
comienzos acéfalos o al alzar. En la técnica de dirección las anacrusas son
gestos.
5. FIGURAS BÁSICAS
5.1. Las figuras Básicas son los gestos que utilizamos para dirigir
cualquier tipo de música. Son tres las figuras básicas:
§
LA
PLOMADA O VERTICAL (Dos formas) EL TRIÁNGULO
(x) Línea de inflexión.
- y - LA CRUZ
(1 – 2 – 3 – 4 Puntos esenciales de las figuras básicas)
§
Puntos
esenciales de las figuras básicas son los puntos donde marcamos cada tiempo del
compás. Para representar gráficamente de una manera simplificada los puntos
esenciales de las figuras básicas nos servimos de unas rayas verticales. Si
queremos reflejar los contenidos rítmicos añadimos puntos a su derecha, para
indicar que rebatimos el pulso se usan rayas más cortas.
§
Para
representar la cruz, que tiene cuatro puntos esenciales, nos serviremos de
cuatro rayas. Representación oficiosa (+)
/ / / /
§
Para
representar el triángulo usaremos tres rayas. Representación oficiosa. ( ê )
/ / /
§
Para
representar la plomada o vertical pondremos dos rayas.
/ /
Para representar los contenidos rítmicos de cada figura utilizamos los
puntos. Se usan sólo para evitar posibles confusiones especialmente en las
obras en que se mezclan las subdivisiones
§
"Rebatir
un pulso" es ejecutarlo de nuevo con un gesto más pequeño. Se representa
con una raya más corta.
/ - / - / - / - ( la raya pequeña indica "rebatir el
pulso"
Si se trata de compases dispares el
procedimiento es el mismo.
5/8 - Se puede representar de varias
maneras, pero teniendo siempre presente la grafía musical que haya empleado el
compositor.
/
. /
. / ( sin subdividir) / - / - / ( subdividido)
En este caso el compositor ha
escrito un 2 + 2 + 1, o sea, un ritmo compuesto por dos corcheas + dos
corcheas + una corchea.
§
Línea
de inflexión es una línea imaginaria sobre la cual se baten todos los puntos
esenciales de las figuras básicas. Puede ocupar diferentes alturas dentro del
“campo eufónico”: posición central, alta o baja, dependerá de la tesitura de
los instrumentos o voces que actúan en cada momento.
El director, sirviéndose de estas tres sencillas figuras,
tendrá que ser capaz de dirigir cualquier tipo de música por complicada que
ésta sea o por complicado que sea el compás o compases que lleve.
5.2. Forma de marcar los compases con
las figuras básicas.
Nuestra técnica, como
se ha dicho, se basa en la continuidad del movimiento. La música, arte siempre
nuevo que nace en el tiempo y desaparece con él, es un constante caminar, un
constante avanzar y, aunque haya pausas, mientras dure la interpretación su
espíritu rítmico siempre está latente.
El movimiento básico
de los brazos al dirigir debe ejecutarse en la unión de éstos con los hombros.
El punto de partida de todo movimiento que realiza el ser humano es el cerebro.
Éste transmitirá el impulso motor primero a los hombros, después pasará a los
brazos y éstos, formando un todo armónico, flexible, sin romper su postura en
las articulaciones, lo llevarán hasta nuestras manos o hasta la batuta para
transmitirlo a los interpretes.
§
El compás de cuatro partes se marcará sobre la cruz. ( + )
§
El compás de tres partes se marcará sobre el triángulo. (ê)
§
El compás de dos partes se marcará sobre la plomada o
vertical. Las dos partes se baten en el mismo punto. (|)
§
Estas formas de marcar incluyen tantos los compases
normales de subdivisión binaria como los de subdivisión ternaria.
Todas las partes de
los compases se baten hacia abajo, nunca horizontalmente. Al marcar las figuras
básicas no se debe rebasar la línea de
inflexión.
§
Los compases a un tiempo se marcarán sobre la plomada o
vertical.
5.3.
Subdivisiones.
Las subdivisiones se
marcan rebatiendo los puntos esenciales de las figuras básicas. En primer lugar
se da la primera parte y partiendo de ella elevamos ligeramente el brazo y con
un gesto más pequeño rebatimos la subdivisión, y así procederemos con cada
parte, exceptuando la última parte de los compases de 9/8 y 12/8, que
introducen una pequeña modificación. Para las explicaciones tomamos los
compases más comunes que tienen como unidad la corchea (8). Esta excepción
sirve para todos los compases de la misma gama: 9/16, 9/32... 12/4, 12/16...
§
La cruz – subdividida - se marca así:
/ - / - / - / -
Las rayas largas
corresponden a los puntos esenciales y las pequeñas a las subdivisiones.
§
El triángulo – subdividido – se marca así:
/ - / - / -
§
La plomada o vertical – subdividida – la marcamos así:
/ / / /
Obsérvese que al pasar
a marcar la plomada o vertical subdividida lo hacemos a cuatro partes, como la
cruz.
Los compases a una
parte, subdivididos, los marcaremos a dos.
Los compases binarios
y ternarios, subdivididos, que se marcaban a un tiempo, pasan a marcarse en dos
y tres partes respectivamente.
5.4.
Formas
de marcar - subdivididos - los compases normales de subdivisión ternaria.
Para marcar cualquier
tipo de compás siempre utilizaremos las tres figuras básicas.
§
El 6/8, al subdividirlo, se saca de la cruz subdividida a
la cuál le suprimiremos dos gestos pequeños.
/ - / / - /
Es posible marcarlo de
otras formas, pero sin desfigurar la esencia de este compás binario de
subdivisión ternaria. El primer apoyo importante recae sobre el primer pulso,
primera raya larga, y el segundo recae sobre la cuarta raya, que debe ser
siempre larga, gesto hacia el exterior, en circunstancias normales nunca puede
ser un gesto rebatido.
§
El 9/8, al subdividirlo, se hace sobre el triángulo, con
una variante, las tres rayas correspondientes a la última parte se marcarán
dibujando con el gesto un triángulo pequeño. (La mano hará el primer gesto,
perteneciente al triangulito, hacia el interior, como si diésemos el tercer
tiempo, los otros dos pequeños gestos se hacen siguiendo las direcciones del
triángulo normal: gesto hacia fuera y el último hacia arriba).
/ - - / - - / / / En representaciones prácticas,
oficiosas, a veces se hace así: / - - / - - ê
A estas tres últimas
rayas, según nuestra opinión, para evitar confusiones, sería práctico o
hacerlas un poquito más cortas o añadirles algún pequeño elemento
diferenciador.
/ - - / - - . . . / - - / - - [ [ [
El 12/8, al
subdividirlo, seguimos los procedimientos anteriores.
/ - - / - - / - - / / / Representaciones
oficiosa: / - - / - - / - - ê Valen las sugerencias hechas para el 9/8.
/ - - / - - / - - . . . / - - / - - / - - [ [ [
Hacemos un pequeño
triángulo en el último tiempo de estas dos subdivisiones ternarias para aclarar
dónde termina el compás y para evitar confusiones a los interpretes.
5.5.
Los
compases dispares
Los compases dispares
son aquellos que con igual unidad de pulso tienen diferente metro o distinta
duración en los pulsos que bate el director. Algunos los llaman compases de
amalgama y también compases asimétricos.
Para marcar los
compases dispares seguimos los procedimientos expuestos, teniendo muy en cuenta
su configuración rítmica.
El 5/8, con la
configuración rítmica 1 + 2 + 2 (una corchea + dos corcheas + más dos
corcheas), por tener tres grupos definidos de notas, lo marcaríamos sobre el
triángulo. Veamos el rayado, sin subdividir, con los puntos, y el rayado
subdividido con los pulsos rebatidos.
/ / . / . / / - / -
Lo que nunca haremos será convertirlo
en dos compases, uno de 2 partes y otro
de 3, empleando dos figuras básicas, con lo cuál tendríamos dos subidas y dos
bajadas originando mucha confusión y además creando un cambio de acentos que
desfigurarían la música.
Siguiendo el mismo procedimiento
marcaríamos todo tipo de compases dispares: 7/8 – 7/16 - 10/8 – 11/8 – 5½/8..., originales y creados.
§
Disparidad
provocada. Existe la posibilidad de hacer dispar cualquier compás normal. Basta
que el compositor quiera cambiarle los acentos a la música. Ejemplo: ¾ , el
compositor desea una configuración rítmica de 2 + 3 + 1 corcheas. Lo sacaríamos
del triángulo con los contenidos rítmicos siguientes:
/
. /
. . /
5.6.
Cambio
de figuras básicas.
Cuando en un mismo compás nos aparezcan
valoraciones metronómicas diferentes (más lento o más rápido), deberá elegirse
la figura básica más apropiada.
Si estamos marcando con la cruz (a 4
tiempos) un tiempo de q = 120 y pasa a otro tiempo de q = 240, este segundo
tiempo lo pasaremos a marcar con la plomada o vertical (a 2 tiempos).
Mientras entre los cambios de tiempo
exista una relación más o menos sencilla no encontraremos muchas dificultades
en su ejecución, cuando esa relación no exista tendremos que aproximarnos a lo
que nos indica el compositor lo mejor posible.
En los “accelerando” o “ritardando”
también debemos cambiar de figura básica cuando no debamos o podamos seguir con
garantías la velocidad o lentitud que requiera la música.
Si estamos marcando un triángulo (tres
tiempos) y la música acelera lo suficiente, pasaremos a marcar una plomada o
vertical (marcaremos a un tiempo).
/ / / (tres
pulsos) / . . (un pulso)
§
Algunas
observaciones.
- Todos los compases tienen en común
que la primera parte es hacia abajo y la última hacia arriba.
- Todas las partes se baten hacia
abajo.
- No batiremos o rebatiremos más de
tres veces el mismo pulso. Aunque en la música actual nos podemos encontrar con
necesidades insospechadas.
- El gesto del director debe reflejar
de tal manera la música, que sin que suene la orquesta, sólamente observándole,
seamos capaces de identificar entre varias partituras cuál de ellas está
interpretando.
- Los compases dispares los sacaremos
siempre de una sola figura básica.
Limito hasta este punto estos breves
comentarios sobre los compases, lo mucho que falta por tratar queda para otra
ocasión.
6. Las
anacrusas.
Llamamos anacrusa a una unidad de pulso que el director da antes de comenzar
la interpretación de la música, o antes de efectuar un cambio de movimiento o
de matiz.
Esta definición tiene un contenido
mucho más amplio que los que se dan en diferentes tratados al “ataque inicial”,
“golpe inicial”, “pulso inicial”, “entrada”...
La anacrusa la representamos con una
raya entre paréntesis:
.
(La anacrusa inicial parte de la linea
de inflexión y vuelve a ella).
Cuando dibujamos la anacrusa
inicial, .
este signo se pone antes de que comience la escritura musical, cuando anticipa
algún acontecimiento reseñable, se escribirá inmediatamente antes que éste
suceda.
Ù
TIPOS DE ANACRUSAS
§
Hay
tres tipos de anacrusas: NORMAL, MÉTRICA Y VIRTUOSÍSTICA.
§
ANACRUSA
NORMAL. Es la que más se usa. Al ejecutarla lleva implícitas tres cualidades:
medida (metro o tiempo), carácter (legato, staccato, picado...) y matiz (fuerte
o piano...).
§
ANACRUSA MÉTRICA. Como nos indica el
enunciado, es aquélla que sólo tiene como contenido la medida, el metro de la música.
§
ANACRUSA VIRTUOSÍSTICA. No lleva ninguno de los
contenidos de las anacrusas anteriores, ni el carácter ni el metro ni el matiz.
Es un gesto artístico de atención que consiste en mover lentamente los brazos
partiendo de la posición inicial, para atacar directamente la entrada de la
música. Previene entradas muy veloces o complicadas.
Ù
EMPLEO DE LA ANACRUSAS.
§
NORMAL.
Se emplea esta anacrusa al comienzo de la obra y siempre que haya un cambio de
matiz o de tiempo. También después de una detención del compás (calderones) o
algunas pausas para reiniciar la marcha del “tempo” y siempre que, al
ejecutarla, no le cree problemas al director, en este caso deberá emplear la
métrica o la virtuosística.
§
MÉTRICA.
Se emplea preferentemente cuando una obra comienza en fuerte y tiene un
silencio en la primera mitad de la unidad de pulso, música a contratiempo. Si
en este caso hacemos una anacrusa normal corremos el riesgo de que algún
intérprete anticipe la entrada. Se puede utilizar esta anacrusa en cualquier momento
de la dirección que nos parezca más oportuno.
§
VIRTUOSÍSTICA.
Es parecida a la métrica y se hace cuando hay problemas de ejecución más
grandes. Por ejemplo: En una obra que comienza en “vivace”. Al atacar la
entrada con una anacrusa normal, el tiempo de visualización sería tan corto que
no daría tiempo a los interpretes a reaccionar, mientras que dando la entrada
con una anacrusa virtuosística, cuyo gesto consiste en tirar de los brazos
lentamente y atacar luego el primer pulso,
no les crearía tantas dificultades.
A las anacrusas métricas y
virtuosísticas se las denomiona también anacrusas excepcionales.
Ù
ANACRUSAS DE LAS COMPASES DISPARES.
§
Las
anacrusas en los compases dispares deberán ser igual a la unidad de pulso más
breve que exista en el compás.
10/8 – Configuración 3 + 2 + 3 + 2 –
corcheas; la anacrusa inicial tendrá un contenido musical de dos corcheas.
Existen excepciones, debido a que a
veces el tiempo de visualización sería insuficiente, entonces optamos por otro
tipo de unidad de pulso más amplia.
Ù
CÓMO BATIR LAS ANACRUSAS INICIALES.
Cuando la música comienza en el primer
tiempo, no ofrece dificultad, partimos de la posición inicial y volvemos a
ella. La anacrusa debe reflejar los contenidos musicales ya reseñados. Si la
música comienza en el segundo pulso, no batimos el primero, hacemos la anacrusa
con un gesto hacia el exterior (si se trata de una música de cuatro tiempos o de dos) y atacamos el segundo pulso.
Si la música es de tres tiempos el gesto lo hacemos hacia el interior. Evitamos
dar el primer pulso porque sería muy fácil que algún músico se adelantase por la costumbre de entrar tantas veces con
el primer tiempo.
Cuando la música entra en el tercer o
cuarto tiempo batimos el tiempo anterior.
7.
Relaciones.
Llamamos relaciones a las distintas formas de marcar los cambios de
dirección de la figuras básicas, según el contenido rítmico de cada unidad de
pulso.
Las relaciones pueden ser de: uno - a -
uno (el brazo emplea media parte en subir y media en bajar) (1:1) Tardamos lo
mismo en subir que en bajar. Dos - a – uno (2:1), el brazo tarda el doble en
subir que en bajar. Tres - a - uno
(3:1) (tres subir, una en bajar). Cuatro - a - uno (4:1). (Subo en cuatro y
bajo en uno). (5:1) ...
Para el “legato” normal emplearemos generalmente
la relación “uno - a - uno”, y para el “staccato” la relación “tres - a - uno”. El estudio de la música y del autor
nos indicará la relación más adecuada.
8. Corte
final. Gesto conclusivo.
Hay quien dice que no consiste en comenzar
bien si no en terminar bien. En el arte debemos comenzar bien y terminarla
mejor. El corte final ha de ser tan sobrio, elegante, sencillo, digno y musical
como cualquier indicación. Como muchos de los gestos debe reflejar los
contenidos de matiz, de metro, de carácter y musicalidad correspondientes a la
obra cuya interpretación concluye. Se puede ejecutar de varias formas:
§
Primera. Hacer un pequeño gesto circular con
los brazos hacia el interior. Se le acostumbra a añadir un pequeño cierre de
brazos, manos y dedos.
§
Segunda. Hacer el mismo gesto hacia el
exterior.
§
Tercera. Si la música termina en pianísimo,
“diminuendo”, bastará con recoger un poquito los brazos cerrando suavemente los
dedos.
Existen otras formas para concluir la
ejecución de la obra pero siempre tenemos que recordar la concordancia que debe
existir entre la música y el gesto final. No parece muy elegante adelantar los
brazos y cerrar las manos bruscamente como si agarrásemos algo, tampoco
precipitar el gesto conclusivo como si tuviésemos prisa por terminar.

Fig. 6
9. Conclusión
Hemos visto someramente algunos puntos sobre
la técnica de la dirección, casi lo imprescindible. Todavía nos faltaría
completarlo en muchos apartados y tratar temas tan necesarios como los
siguientes: - El gesto contrario – Análisis de obras, acotaciones y rayados –
Independencia de manos, la expresión, el fraseo, los brazos y la línea
melódica, la articulación, traslados de la línea de inflexión – La tensión
melódica, armónica y rítmica – Volumen, intensidad de la música - Los
calderones, casos, ejecución, ejercicios para continuar la música – Las pausas
y la reanudación de la música – Cambios graduales del tempo, dinámica,
desdoblamientos, accelerando, ritardando – Ritmo, compases normales y dispares
(asimétricos), regulares e irregulares, anticipaciones, golpes derivados,
subdivisión sobre la marcha, falsas relaciones – Análisis, el compositor, época... – Equilibrio
orquestal y coral, acentos, apoyos (ictus) – Diferentes diagramas de las
figuras básicas – Obras con notaciones especiales, obras o fragmentos sin
compás, con indicación de segundos, unidad de pulso elegible. Fenomenología
musical, punto culminante, puntos culminantes parciales, punto cero, tonalidad
madre – La masa sonora, manejo – Relatividad de las indicaciones, afinación,
cambios de expresión - La agógica – Las condiciones acústicas de las salas,
mucho eco, muy poca resonancia...
Nos damos por satisfechos si después de leer
estas páginas, el maestro especialista en música o simplemente aficionado,
siente la necesidad de adquirir los conocimientos técnicos necesarios para que
su labor sea más fructífera y gratificante para él y para sus educandos.
BUSCH, B. (1995). El director de coro. Madrid: Real Musical.
FENTON –
JONSON. (1990). Choral Musicianship: A
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Biblioweb:
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www.ocp.org/music.html (Sección artistas).